Las comunidades de Chicago y alrededores se unen a un movimiento nacional para reescribir la narrativa sobre el acceso a alimentos y espacios verdes. Residentes organizan recuperar terrenos abandonados y convertirlos en espacios vivos que cultivan alimentos y fortalecen comunidad.
Paula Acevedo es una de las directoras de El Paseo Community Garden, un santuario en el barrio de Pilsen, en Chicago, que no siempre fue lo que es hoy en día. En 2009, el espacio era un terreno vacio, abandonado y contaminado por su pasado industrial. En cambio, hoy día alberga huertos privados y colectivos, un bosque comestible basado en principios de permacultura, un puesto agrícola con precios negociables y un santuario para las mariposas monarca.
Pero la transformación de este lugar “no estuvo sin desafíos", recuerda Acevedo, co-directora de El Paseo. En 2016, esos retos se intensificaron cuando la ciudad de Chicago presentó el proyecto Paseo Rails-to-Trails, una iniciativa para crear una nueva “vía verde urbana”. Aunque se presentó como una inversión para la comunidad, el proyecto también implicaba un aumento en el valor de las propiedades y, como pasa en muchos barrios en gentrificación, un aumento de los alquileres. Para El Paseo, la amenaza era inmediata: un proyecto pensado para crear más espacios verdes podía terminar desplazando a las mismas personas del barrio, a las que el jardín comunitario quiere apoyar.
El Paseo forma parte de un movimiento creciente, donde la gente en los barrios están transformando terrenos vacíos en huertos urbanos para cosechar en comunidad. Estos espacios permiten cultivar alimentos, reconectarse con la tierra y cuidar colectivamente sus espacios.
Illustration: Isabel Atienza/15West
Los huertos urbanos suelen surgir cuando comunidades que viven en la ciudad, sin acceso a grandes extensiones de tierra, identifican una necesidad. Estas necesidades pueden incluir la falta de alimentos frescos, de espacios verdes o de lugares dedicados a la cultura y la sanación colectiva. Ante esto, la comunidad se organiza para convertir terrenos abandonados en espacios compartidos que fortalecen y benefician al barrio.
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Mucho antes de que se usará el término huerto urbano, estos espacios ya existían como lugares de supervivencia, resistencia y organización comunitaria. Uno de los primeros ejemplos documentados surgió en Detroit en la década de 1890. Más adelante, durante la expansión suburbana de los años setenta, muchas familias, predominadamente blancas de clase alta, se mudaron a los suburbios, mientras que los comunidades de color quedaron en los centros de ciudades con cada vez menos inversión governamental.
Como respuesta, residentes urbanos comenzaron a convertir terrenos abandonados en huertos para enfrentar la falta de alimentos frescos, la injusticia ambiental y el abandono del gobierno.
Más de 50 años después, estas mismas comunidades vuelven a enfrentar desafíos similares: menos apoyo de los gobiernos locales, criminalización política, recortes a programas de justicia social y un acceso limitado a alimentos sanos. Frente a esta realidad, comunidades del West Side de Chicago están creando redes de soberanía alimentaria, cultivando sus propios alimentos y reduciendo su dependencia de sistemas alimentarios costosos, al mismo tiempo que amplían el acceso a espacios verdes comunitarios.
Este movimiento ya se ve en todo el West Side de Chicago. Algunos de los huertos urbanos más conocidos son el Maxwell Street Community Garden (MSCG) y el Urban Growers Collective (UGC). El MSCG cuenta actualmente con 60 parcelas y se ha convertido en un espacio comunitario muy activo, con programas regulares que incluyen talleres y clases sobre apicultura, yoga, jardines de mariposas y educación sobre el sistema “de la granja a la mesa”.
Por su parte, el UGC gestiona ocho granjas urbanas en Chicago, con un total de 11 acres de tierra cultivada y una producción aproximada de 23,000 libras de alimentos al año. Su trabajo se enfoca en llevar alimentos frescos a comunidades BIPOC. Además, a través de programas de formación para cultivadores y herbolarios, el UGC ofrece aprendizaje práctico en agricultura, herbolaria y trabajo colectivo, ayudando a formar a nuevas generaciones y a fortalecer la relación de jóvenes con la tierra dentro de la ciudad.
Junto a estas organizaciones más grandes, huertos vecinales como El Paseo nos recuerdan que también es posible cultivar y cuidar espacios verdes en nuestros propios barrios. En Berwyn, estudiantes están haciendo un trabajo parecido, transformando el jardín olvidado de su escuela en un espacio comunitario lleno de vida. Para El Paseo, este camino también implicó enfrentar directamente la amenaza del desplazamiento.
El movimiento que está creciendo
En respuesta, los residentes de Pilsen se unieron con un objetivo común: cambiar la historia y “cambiar el patrón” sobre quién tiene acceso y controla la tierra en este país. Acevedo explica que, “la desconexión cultural e histórica de nuestras comunidades con la tierra” , muchas personas no se imaginan al principio que estos espacios verdes también les pertenecen. Al enfocarse en los ancianos y en miembros de la comunidad BIPOC, busca romper la idea de que los espacios verdes son solo para los ricos y afirmar que siempre han sido parte de la vida de las comunidades de color.
El jardín sigue prosperando; pero su mayor cosecha siempre han sido las conexiones que genera.
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Acevedo describe cómo cuidar la tierra enseña, a la vez, responsabilidad, reciprocidad y cuidado colectivo. “Cuando trabajas la tierra, obtienes lo que inviertes”, dice, recordándonos que cuidar de los demás es una práctica. En una sociedad cada vez más individualista, el trabajo comunitario revive la responsabilidad compartida, mostrándonos que el cuidado es un esfuerzo conjunto y no solo una carga individual.
Para muchas personas que cruzan sus puertas, la jardinería es un regreso a la memoria, a la cultura y a tierras cercanas al corazón pero lejanas físicamente. “Para mucha gente, estar y trabajar con la tierra les recuerda a su hogar”, dice Acevedo. En una comunidad tan vibrante y diversa, la tierra se convierte en un puente hacia prácticas tradicionales de alimentación y resistencia.
Lo que crece en El Paseo va más allá de la comida. En un país donde el acceso a la tierra ha sido por mucho tiempo un privilegio, este huerto sostiene algo más radical: que los espacios para la comunidad son un derecho y un esfuerzo colectivo. También es una forma de reparación y de reconexión con la tierra, sembrando valores que las futuras generaciones recordarán y continuarán.
“No se trata solo de tomates, también se cultiva la comunidad”.
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Liana Ordoñez is an aspiring bilingual journalist whose work nationally and internationally has an emphasis on social justice. She continues to grow her experience highlighting the stories and voices of the marginalized.
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Residentes, funcionarios de la cuidad, y organizaciones comunitarias, se juntaron para discutir el calor extremo. | NaBeela Washington/15 West
CICA’s main company dance ensemble rehearses their final number at the Collaborative Institute of Cultural Arts in Brighton Park on Oct. 21, 2025. | Araceli Ramirez/15 West